












Por
Roberto Jesus Arteaga Garcia
“La codicia tiene tal poder cegador, que todos los argumentos del mundo no convencerían a un hombre de que es codicioso”
Thomas Wilson
“Autonomía” es un concepto que sin duda puede entenderse de muy diferentes formas, según la capacidad de las personas y sus perfiles ideológicos, y aunque podríamos recurrir al concepto de la enciclopedia o etimológico, necesitaríamos siempre un contexto para entender a que clase de autonomía nos referimos.
La autonomía Universitaria según menciona el actual Rector de la Universidad Veracruzana “es un principio que consagra la capacidad jurídica de las universidades para auto gobernarse, para administrar sus recursos y para decidir sobre sus proyectos académicos”.
Pero quién decide cómo es su autogobierno, cómo administra y más importante en que aplica recursos (que no pocos) cuenta la universidad. Quién regula y quién hace transparente estos recursos, quién da cuentas, y a quién se dan cuentas.
A veces, y tal parece que últimamente, mas frecuentemente se le olvida al Sr. Rector que la autonomía también aplica para el interior de la Universidad. Cuando leo y escucho sus palabras, el cuadro abstracto que me viene a la mente es que la universidad es una isla en la que nadie, excepto los universitarios deben de estar, pero solo los universitarios de cierto corte y determinado perfil, por que al parecer hay universitarios más iguales que otros.
¿Cómo se pretende que la Universidad sea autónoma e independiente?, ¿Estando desligada de los sucesos de la realidad veracruzana es la forma?, empleos, empresas, estudios para empresas u organismos que vinculan, es lo que más se publica en el instrumento propagandístico denominado Universo, pero no se habla acerca de el nivel de desempleo que tienen los universitarios debido a la escasa vinculación con los sectores productivos del Estado y del País.
No permitir realizar debates políticos públicos, ante la comunidad universitaria es negar la realidad del acontecer veracruzano, claro aunque por un lado se dice que no se realicen debates en la Universidad Veracruzana, por el otro se fomenta el clientelismo político universitario utilizando fondos de la misma para comprar lealtades estudiantiles, ¿Verdad o mentira, Armando Pérez?
Sin duda realizar una serie de foros en la regiones a escasos 30 días de la selección del Rector de la Universidad Veracruzana, se me antoja como desvíos de recursos de sus fines específicos, a la exaltación de una persona, de un proyecto y de una continuidad. Lo único que puedo decir es: Recuerde Sr. Rector que usted era de izquierda, ¿Qué pasó en el camino?, ¿Que pasó con todos sus ideales? La Universidad no es un feudo, ni territorios de nobles, usted se ha rodeado de personas que no entienden que las oficinas que ocupan no son suyas, ni exclusivas de los universitarios, son de todos los veracruzanos que han aportado lucha para tener hoy, la gran universidad que usted administró con muchas deficiencias y si bien es cierto todos cometemos errores, también es cierto que todo necesita aire nuevo para crecer.
Según cifras oficiales del Instituto Federal Electoral, 28.94% de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores (los probables votantes) son menores a 30 años de edad.
Así, es fácil deducir que para 22 millones 422 mil 37 ciudadanos (como dato: ningún candidato presidencial alcanzó esta cifra en toda la historia electoral del país), la alternancia democrática en el poder tiene poco significado en su vida política. Ellos nacieron entre 1980 y 1991. Unos eran niños y otros no habían nacido cuando el fraude electoral en Chihuahua en 1986 y el de la elección presidencial de 1988; tampoco en la primera victoria de la oposición en una gubernatura en 1989, y los fraudes en Guanajuato y San Luis Potosí en 1991.
Otro 25.08% de esa lista nominal (19 millones 426 mil 796 electores) nació entre 1970 y 1979, el año de la aplicación de la primera reforma política más o menos profunda; en 1976, el priista José López Portillo fue candidato único a la Presidencia de la República, mientras Valentín Campa, del Partido Comunista Mexicano (PCM) sin registro legal, recorría el país pidiendo a los mexicanos que votaran por él, como una forma de protesta; algunos de esos ahora votantes eran bebés el 10 de junio de 1971 y ninguno de ellos había nacido el 2 de octubre de 1968. De otra manera: se requiere haber nacido en 1925 para haber votado (recuérdese que antes la edad mínima era de 21 años) en la elección de 1946, cuando 29 años después de la promulgación de la Constitución, se reconoció el primer triunfo opositor a cuatro candidatos a diputados federales y un año después para la primera presidencia municipal (la de Quiroga. Michoacán), cuando a las mujeres mexicanas les faltaban seis años para que se les reconociera su derecho a votar, 36 después de la misma Constitución de 1917.
Y entonces todavía faltaban muchas batallas: el llamado henriquismo, movimientos sociales como el de los ferrocarrileros y luchas electorales como las del primer navismo de San Luis Potosí al inicio de los 60 y, años más tarde, de los panistas de Yucatán y Baja California. Y las que vendrían después, incluidas las de aquellos que no creyeron en los votos y los cambiaron por la pesadilla de las armas. El breve recuento de las luchas de millones de mexicanos, que finalmente triunfaron, debería ser el de un campo árido para el desesperado y desesperante llamado a la abstención, presuntamente para “protestar” contra la partidocracia que, ciertamente, se ha apoderado de las instituciones que deberían promover el crecimiento democrático de México.
Hoy resulta que ese grandísimo y costoso esfuerzo no sirvió. Eso creen aquellos, ciudadanos y partidos, que piensan que la democracia es un sistema que se agota en la emisión y el cómputo de los votos. Ya sabemos que no sólo de trataba de “sacar al PRI de Los Pinos”, sino de acabar con la cultura política que nació, creció, se consolidó en los 70 años que ese partido se impuso en México y, lamentablemente, prevalece nueve años después de la primera elección presidencial ganada por la oposición. Está demostrado que la actual ley electoral, responsabilidad de diputados y senadores en activo, es la más regresiva de los años recientes, que se requieren reformas como la reelección, mínimos de participación y de votación para hacer válidas, legales y legítimas las elecciones, que se deben incrementar los porcentajes de votación para que los partidos mantengan sus registros, que son necesarias y urgentes las candidaturas independientes… y lo que se acumule.
Eso es lo que ahora hay que cambiar y se cambia a punta de votos, no con la abstención. Los votos de los mexicanos que lucharon desde hace casi 80 años no deben ser inútiles.


Apr 28th 2009
From Economist.com

THE 100th day of his presidency falls on Wednesday April 29th and Barack Obama remains popular. Despite the dire economic situation, his overall approval rating is a healthy 65%, only three percentage points lower than when he first took office, according to Gallup. Over the past 50 years, the approval ratings of presidents at the 100-day mark have varied widely. Democrats seem to do badly: Bill Clinton and Jimmy Carter suffered a similar dip in their fortunes. But every Republican had gone up in the public's estimation after 100 days.
